Fe en el Santo

Hace unas semanas hablaba con alguien que recién me conocía, buscaba trabajo en Santiago y a él, le tocaba entrevistarme.

Por: Marcos Hurtado

Me preguntó qué haría en el caso hipotético de que mi vida estuviese resuelta, yo le respondí sin titubear que me dedicaría 100% a Tribuna Pinto, porque mi pasión es San Luis y porque me gusta escribir.

“Conoces lo que es sufrir, entonces”, me dijo.

Le respondí que sí… porque mientras los hinchas de los “grandes” dicen que ellos solo sufren, uno se la come callado y sin prensa encima. Porque el fanático del Canario no la pasa mal por una mala presentación en Copa Libertadores. No, el seguidor de San Luis de Quillota vierte lágrimas porque su equipo cae a Tercera, porque la institución casi desapareció en su momento. Pero acá seguimos, dando la pelea.

Y este año no es la excepción, el Santo empezó un Apertura malo luego de una presentación esperanzadora en Copa Chile. Sin embargo, un DT que nada sabía de fútbol chileno hizo que sus dirigidos perdieran las esperanzas y que recién lograran ganar ya muy avanzado el campeonato.

Miguel Ramírez tomó un fierro caliente y eso se nota. Hoy el plantel juega cada partido como si fuera el último y lo cierto es que ni siquiera con eso alcanza. Últimamente, más con huevos que con fútbol se ha logrado transformar derrotas en contra en empates agónicos.

Y nosotros, los hinchas, nuevamente estamos ahí, sufriendo y desvelándonos en Primera. Preguntándonos cuál fue la lección -o si verdaderamente la aprendieron- que sacaron los dirigentes respecto a nuestro fallido paso por la División de Honor en el 2010.

Porque quizá los errores son otros pero nacen de la misma actitud: la ingenuidad de los que toman las decisiones, y la lentitud en hacerlo. Recién a cuatro fechas del final se abren las puertas del estadio a la hinchada… y ahora que el precio no es excusa, lo que queda es alentar.

Tragar mierda y darnos cuenta de que muchas veces el equipo no jugó mal, pero no llegaron los resultados. Y ahora que matemáticamente quedan posibilidades, pero futbolísticamente pocas, hay que transformarse en factor de cara a cada partido.

Suena cliché, pero hay que ser el número 12, hacer que los rivales no se sientan a gusto en la cancha, aprovechar que no se aceptarán hinchas visitantes en los próximos partidos y teñir todo de amarillo. Cantar hasta que no dé más, ser una caldera.

Porque todo Santo requiere un acto de fe… más aún si es San Luis, el de Quillota, al que nunca se le ha dado nada fácil.

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