La recta final y el clásico

Pensando sobre qué podía escribir la columna de esta semana costaba decidir entre si hablar del clásico contra el equipo rojo de la ciudad vecina o si hablar de lo visto ante Huachipato. Quizás lo mejor sea comentar ambas.

Por Gustavo González

Sobre lo ocurrido en el CAP, es preocupante la falta de iniciativa del plantel en los primeros minutos: una vez más con un planteamiento demasiado timorato esperando quedar en desventaja para soltarse y pasar al frente, cediéndole la iniciativa al rival hasta que ellos pegaron primero y pusieron el 1-0 en una jugada en la que la defensa difícilmente pudo hacer más mal las cosas. También inquieta el hecho de que los puntos bajos sean siempre los mismos, partido tras partido el hincha y la prensa hablan de lo bajo que está Pacheco, de que Rivas no es el mismo del primer torneo y de que la dupla de centrales no se afirma si no está Martorell (curioso que uno de los más criticados del Apertura ahora sea fundamental).

Otro punto bajo es la falta de variantes. En el primer tiempo en Talcahuano, el juego de San Luis eran cinco pases intrascendentes hasta que Estrada se acomodara para lanzar el pelotazo buscando a alguien arriba, estrategia que viene claramente de la banca. Hace varios partidos que el DT se quedó sin ideas, y eso se nota en los últimos resultados, donde, ante equipos abordables, lo empatamos con más garra –y a veces hasta suerte- que fútbol. En Talcahuano se desaprovechó otra oportunidad para ganar y salir del fondo.

Pero como no todo es malo, también se puede mencionar que a Escobar se le abrió el arco y eso es importante, además de la actitud para remontar un 3-1 aunque fuera solo con huevos y garra. Afortunadamente el paupérrimo nivel del torneo –no es un secreto para nadie que es muy bajo- nos permite seguir con vida a falta de cuatro fechas y lo que viene ahora es algo no menor.

Y es que el clásico –porque así se llama acá, dejémosle el termino derbi a los siúticos- es el partido más importante para todos, cuando salió el fixture la pregunta de todos los hinchas fue “¿En qué fecha jugamos con los vecinos?” fueron varios años esperando que se diera en Primera este partido, varios años teniendo que conformarnos con alguna copa de verano o con compartir grupo en la primera fase de Copa Chile para vernos las caras con los del equipo de Jadue. Pero no era lo mismo, quizás el clásico del interior no tiene la pantalla de un clásico universitario, ni la violencia que casi siempre rodea el superclásico (afortunadamente), pero tiene algo especial que se da cuando se enfrentan clubes de dos ciudades contiguas…. se saca a relucir la “rivalidad” histórica que existe entre ambas ciudades y que, a la hora de las bromas o del día a día, trasciende incluso mas allá del fútbol.

El enfrentamiento histórico con los que están al norte de Quillota registra una paternidad clara para San Luis, con 13 partidos de ventaja (48-35-35 a nuestro favor). La mayoría de estos encuentros jugados en categorías de ascenso ya que la historia del clásico provincial en Primera es más corta que el palmarés de la Selección Chilena y presenta un récord desfavorable para nosotros (4PG-3PE-6PP).

Volviendo al presente, el partido del domingo será uno de los más importantes del último tiempo porque encuentra tanto a San Luis como al rival en el fondo de la tabla, luchando por mantenerse en Primera. Si ganamos significa meterle presión a los rivales y despegar de una vez por todas, y si perdemos, es prácticamente sentenciar el descenso.

De cara al partido, causa ilusión el envión anímico que representa el 3-3 con Huachipato, sumado a que en nuestro plantel -a diferencia de lo que pasa en los vecinos- hay varios formados en casa. Aunque suene a cliché, en estos partidos ellos son los que más sienten la camiseta y saldrán a dejarlo todo sabiendo que debemos ganar como sea.

En lo extrafutbolístico, el partido está marcado por la petición de San Luis de jugar solo con público local, en parte se está devolviendo la mano por lo ocurrido en el Apertura, cuando se jugó solo con hinchas cementeros en la ciudad vecina; y por otro lado, la dirigencia apostó porque el Lucio Fariña se tiña de amarillo en los partidos que quedan.

No es muy buena esa medida, pero qué se le va a hacer, tampoco es que el visitante trajera mucha gente a Quillota. Además algunos de sus hinchas están en Miami, es más, en el último clásico jugado en el Nicolás Chahuán, lo que terminó escuchándose fueron los gritos de los quillotanos que logramos entrar a pesar de la prohibición.

Ojalá se repita esa actuación del 2-0, cuando trancaron con la cabeza y donde hicieron que valiera la pena recibir un par de insultos con tal de gritar un gol y un triunfo sobre el rival de siempre.

¡Vamos San Luis que de esta salimos entre todos!

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