Columna titular: Un camino difícil

Voy a contar una historia real. Me sucedió a mí y a un amigo al que le quedan tres partidos cruciales. Es un relato de autos, velocidad y locura, acá voy:

Por Marcos Hurtado M.

San Luis era el puntero en la B, pero se había pegado unos tropezones que, faltando cinco partidos para saber quién sería el único ascendido, lo tenían solamente dos puntos por sobre San Felipe, por lo que el partido contra los aconcagüinos era una verdadera final. Y así la vivíamos.

El partido era un domingo a las 12, con Arellano decidimos partir de Santiago a las 10 de la mañana. Mal que mal, nos separaban 90 minutos de viaje, en el peor de los casos.

Salimos puntuales, pero no contábamos que el negociado de la maratón de Santiago ocurría ese mismo día. No sabíamos que su trazado nos dejaría casi secuestrados dentro de la capital. Menos que en la intersección de Los Leones con Pocuro seríamos los primeros en ser detenidos para que pasaran los corredores.

-“Tienen para dos horas parados, mínimo” – decía el paco que cortaba el tránsito, al mismo tiempo en que un montón de autos formaban un taco de una cuadra atrás nuestro, lo que desataba la angustia de ambos.

Con los ojos llorosos, ideábamos un plan, que consistió en convencer, uno por uno, a los otros autos de que dieran marcha atrás para así salir de ahí. Lo logramos, 25 minutos nos demoramos, pero lo hicimos.

Seguimos nuestro camino, habíamos quemado la media hora de margen que habíamos planificado el día anterior, y cuando estábamos a punto de cruzar el Mapocho para tomar la vía que nos llevaba a la ruta 5 norte, nos volvía a frenar la maratón, y de nuevo estábamos primeros en el taco.

Ya teníamos experiencia. Repetimos lo mismo de antes, salimos, tomamos la rotonda Pérez Zujovic para poder salir… Por tercera vez la misma historia.

Enfilamos hacia el oriente, dimos la vuelta en el Parque Arauco y, por fin, tomamos la autopista. A las 11:10 de la mañana salíamos a la Panamericana.

Nos juramentamos llegar, mi copiloto se comprometió a pagar la mitad de una eventual multa por exceso de velocidad. 120 no bastaba. 130 tampoco. Nos fuimos con los 150 km/h como velocidad mínima.

Desesperados, nerviosos, el motor rugía y nuestros corazones también. Los equipos entraban a la cancha cuando íbamos por Ocoa. El puntapié inicial ocurrió en Hijuelas. Estábamos perdiéndonos el partido.

Llegamos a Quillota. Minuto 5, a 300 metros del estadio un paco nos impide el paso.
– Tanto nadar para morir en la orilla- pensamos.

El paco nos decía que, por tratarse de un partido de alta convocatoria, estaba prohibido pasar más allá. De inmediato, el Chacal del blablá hizo lo suyo, me arrebató mi credencial de prensa, que la andaba trayendo por si acaso, al igual que él, y la exhibió junto a la suya.

– Llevamos muchos equipos de la radio atrás y vamos muy atrasados.

Mintió, sabiendo que si el paco pedía abrir el maletero, íbamos a quedar expuestos. Afortunadamente, la frase “más weón que los pacos” es cierta, y nos dejó pasar por 15 minutos, que prometimos, falsamente, respetar.

Lo logramos. Entramos y nos instalamos en los asientos que nos habían guardado los de siempre en un estadio lleno hasta las banderas, cuando se jugaba el minuto 9 del primer tiempo. Salimos de 2 horas de tensión para entrar a una hora y media espeluznante.

Los minutos transcurrían y los espasmos nerviosos se hacían evidentes, un tiritón por ahí, un cigarro que por ley no se podía fumar -pero igual- por allá. Primer tiempo terminado y el marcador que seguía en 0.

Segunda mitad. Con una sonrisa nerviosa veíamos como pasaban los minutos y se mantenía todo en tablas. A 19 minutos del final, llegó el premio a nuestra tozudez: centro al área chica, aparece Sergio Comba y no perdona. Gol. GOL. GOL CONCHETUMARE.

Los nervios explotaron: nos abrazamos, gritamos, hasta lloramos. Habíamos conseguido llegar, y habíamos logrado quedarnos con el partido que, sabíamos, definiría al equipo que subiría a Primera División.

Esa vez, en Santiago, pensé que no llegábamos. Este año, de cara a las tres fechas que quedan, no sé si pensar lo mismo.

VAMOS SAN LUIS

PD: el regreso a la capital lo hicimos aliviados y a 80 km/h. No íbamos a tentar de nuevo a la suerte.

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