Columna Titular: Jaime

Debo reconocerlo. Es de hombres aceptar que nos equivocamos: no fui el más contento cuando supe que Jaime Grondona llegaba a San Luis. Es que en mí penaban los recuerdos del 2010, cuando varios jugadores llegaron a morir al Canario y todo terminó en un desastroso descenso tres fechas antes de que terminara el campeonato.

Por Marcos Hurtado M.

Menos confiado me sentí cuando aún no empezaba el Apertura y me enteraba que Grondona estaba lesionado, y que se perdería varias fechas. A cualquiera le hubiese pasado y la rabia era comprensible: San Luis logró su primer triunfo de la temporada recién en la novena fecha, justo el partido debut del porteño vistiendo los colores cual aúreo sol de San Luis.

Y durante todo el 2015 la historia del goleador de la sub-20 del Mundial de Canadá fue más o menos lo mismo: entrar los últimos cinco minutos como cambio para un exhausto Fiorina, para hacer tiempo o simplemente porque tenía que sumar minutos. Acababa el Apertura con el Canario penúltimo y con Grondona como un actor de reparto, sin nadie que se imaginara lo que pasaría.

El duelo ante Palestino en La Cisterna marcó el fin de su sequía goleadora de años: un condorazo del arquero rival lo aprovechó para cobrar en un partido que merecíamos perder y terminamos empatando a dos. “Pura suerte de Grondona, no le va a volver a hacer goles ni al señor PF”, pensamos muchos.

Pero parece que no era solo fortuna. Fue en el posterior partido con San Marcos (el equipo que llora que terminó su paso por la A jugando al ataque y que esa vez se fue a colgar del travesaño), que el Flaco Fiorina salió lesionado. Grondona entró en el segundo tiempo, considerando que el fallido Pablo Magnin no había hecho mucho, y con pura pachorra logró cazar un rebote en el área para poner un empate a uno agónico, que en algo regaba la plantita de nuestra esperanza.

Y desde ahí, al igual que el canario Fénix, Jaime logró volver a ser el 9 peligroso de antaño, y más. Siempre bien parado en la cancha y en el espacio preciso, se transformó en una preocupación para las defensas rivales y eso se reflejó en goles, como la tremenda pepa que le hizo a Calera en el clásico, y cómo no, el golazo de cabeza en Antofagasta, que terminó por dejarnos en Primera.

Grondona, al igual que San Luis, nos enseñó que no está muerto quien pelea, que las segundas oportunidades existen y que no hay que dar a nadie por muerto. Por eso, le pido disculpas por no haberle tenido fe cuando llegó y ahora le pido: Jaime Andrés Grondona Bobadilla, quédate… por favor.

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