Crecer

300 y casi 100, dos historias que son una.

Marcos Hurtado M.

La semana pasada celebramos tres siglos de existencia de la linda joya, y lo cierto es que las cosas han cambiado. Para peor dirán algunos, para mejor otros. Lo cierto es que Quillota ha crecido. Y como todo proceso de crecimiento, renunció a algunas cosas para ganar otras.

Y junto a la ciudad el Canario también ha crecido. Pasaron tiempos oscuros, de años que parecieron interminables en Tercera tras casi desaparecer a principios de los 90. Quillota también vivió los suyos, si hasta le mataron un alcalde del que aún no se tienen rastros y sus desaparecidos nos recuerdan que las heridas no se pueden disfrazar con olvido.

Pero, circunstancias más o menos, ambos, el Canario y su jaula, que no tiene barrotes y en donde en verdad el amarillo vuela libre desde el Mayaca hasta San Pedro; desde la urbe más dura de Condell hasta el anidar celoso de un Queltehue en San Isidro han experimentado un proceso de evolución.

Hoy San Luis no es el equipo entrañable y casi folclórico del que todos se acuerdan con lastimoso cariño. Se trata de un equipo afianzado en el profesionalismo que mira con ilusión el futuro.

Cuando era chico, Quillota llegaba hasta la línea del tren. Es cierto, habían casas y calles más allá de ella, sabíamos que estaba la carretera y que incluso más allá estaba San Pedro. Pero Quillota, la zona caminable, la parte en donde uno se movía, llegaba hasta la línea del tren. Esa misma que a veces cerraban en la noche impidiéndote salir fácilmente si llegabas en auto.

Hoy sus límites están mucho más allá e incluso, mal de la modernidad, empezó a crecer hacia arriba.

Y ojalá el aurinegro siga la misma senda que la ciudad que lo vio nacer. Ya creció incorporando fútbol inclusivo y también femenino. Ahora queda hacerlo para arriba, y parece que para allá vamos: ahora la pelea es por ver si clasificamos a alguna copa internacional, no por conjurar al fantasma de la B.

De hecho, estoy seguros que el próximo partido internacional será por los puntos, y ojalá no lo arbitre Polic esta vez.

¿Qué nos queda como hinchas? No solamente alentar, cabe organizarnos para ser custodios de la gloria del Santo. Por muy buena que sea una Sociedad Anónima en la administración de un club, el curso natural de las cosas dice que la gente debe ser la verdadera dueña.

Ya se ha avanzado en algo, pero no hay dormirse en los laureles. San Luis ya creó una mística y toca empaparnos de ella y sentirnos orgullosos de nuestra historia.

Porque de seguro, los 200 años que hubo antes de ese glorioso 8 de diciembre de 1919, fue mucho más aburrido que lo que pasó después.

 

 

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