Corazón Roto

Todo duelo, todo corazón roto, nace mucho antes de que ocurra el hecho que desencadena el dolor.

Marcos Hurtado M.

Al principio te encuentras con la guardia baja, pensando en cualquier cosa, hasta que llega esa persona que, como lo hacía Chupete en ese glorioso 2003, pilla abiertos a tus defensas y te obnubila.

De a poco vas confiando y te ves ahí, envuelto en un embobamiento que te hace creer todo, palabras lindas que llegan a tus oídos y que te las crees. ¿Por qué no… tan cruel puede ser alguien para hablar cosas al vuelo sin prometer nada?

Hoy me siento con el corazón roto.

Miguel Ramírez inició este Transición 2017 prometiéndonos a todos que el Canario finalizaría el torneo clasificado a alguna copa internacional. Tanto lo repetía que incluso los más escépticos de la gestión del Cheo nos hicimos ilusiones y comenzamos a ahorrar para viajar en avión al lugar del continente donde nos tocara.

Lo cierto es que, como esos malos amores, las acciones del técnico de San Luis no se condijeron con sus supuestas intenciones. Y los que queremos de verdad al Canario terminamos viendo nuestros sueños quedarse una vez más en el imperio de lo onírico.

Miguel Ramírez alabó todo el tiempo la forma de entrenarse del plantel, pero en la práctica nunca le mostró verdadera confianza al equipo ni a su idea de juego, prueba de ello es que nunca repitió equipo, e incluso improvisó jugadores en posiciones.

El Cheo hablaba de preparar y preparar partidos, se habló de exhaustivos análisis de videos para dar con los errores no solo del rival de turno, sino que también, propios.

Lo cierto es que, al parecer, ninguna de esas cintas fue capaz de captar algo evidente, que vimos todos quienes asistimos a los partidos del Santo: la falta de Plan B.

Está bien, el aurinegro dominó a la perfección los centros, pero cuando el contricante había hecho la tarea y visto cómo jugaba San Luis, la forma de detenerlo era fácil: impedir la subida de los volantes para que no se proyectaran y no abastecieran de balones a los delanteros. Ante esto, el técnico jamás tuvo respuesta. Cómo la iba a tener, si nunca le acomodó tener un jugador con buen pie al medio que supiera distribuir balones y meter balonazos a la espalda de los defensas rivales.

Ya en la recta final del torneo Ramírez comenzó a coquetear con otros clubes, en Santiago su nombre suena cada vez más fuerte, y parece que esa desconcentración se notó.

La guinda de esta triste torta fue el DT culpando al plantel de perder con Iquique y, con ello, sellar la no-clasificación a ninguna copa. El entrenador careció de autocrítica y sepultó a sus jugadores en un eterno no-soy-yo-eres-tú.

Ahora cuando se vaya, no aceptaremos que nos quiera como amigos.

 

 

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