No hablen por nosotros

Son tiempos difíciles, sabemos. Mientras el viernes pasado nos preocupábamos de averiguar cuál sería la oncena con la que San Luis saldría a jugar contra Santiago Morning, el sábado despertamos sabiendo que ese encuentro no se disputaría, y que en las calles de todo Chile se estaba disputando un partido mucho más importante: entre el pueblo y los dueños de este fundo que muchos insisten en llamar país.

Desde entonces, la rabia por los abusos y los sueños por un sistema más justo se apoderaron cada calle de este rincón al sur del mundo, y lo que comenzó como un acto de desobediencia civil en el metro brutalmente combatido por Carabineros, logró que la bomba de tiempo donde nos sentábamos por fin terminara explotando.

Gente de todas las edades y clases sociales se unió y se tomó  cada esquina, en cada barrio. Ya no eran las zonas combativas que se alzan en cada movilización, era todos los barrios: desde El Bajío en Quillota hasta Bosques de Montemar en Viña. Desde la icónica Plaza Italia, en Santiago, hasta la acomodada Las Condes.

Y cómo no, dentro de esta ola de caos y descontento social se alzaron, por supuesto, los hinchas, los que llevan la camiseta tatuada en la piel. Esos que, lamentablemente, no solamente sufren por los resultados deportivos de su equipo.

En Chile, y salvo excepciones contadas con los dedos de una sola mano, los clubes ya no son de sus hinchas. La ley de sociedades anónimas deportivas, impulsada por este modelo económico e implementada prometiendo que sería la solución a los problemas de financiamiento de los equipos, no ha hecho más que abusar del modelo para el beneficio, como siempre, de unos pocos.

Ganancias millonarias percibidas gracias al CDF y planteles precarizados buscando las máximas utilidades económicas para los accionistas; empobrecimiento del espectáculo a causa de lo mismo y reducción en el espacio de toma de decisión de los hinchas son solo algunas de las consecuencias de este modelo. Y está bien: nos podrán decir que en algunos clubes la cosa funciona bien y transparente, pero esto solo lo logran con dirigentes escrupulosos y bien intencionados, porque el sistema está hecho para exprimir hasta el último peso a los clubes.

A pocos les interesa en verdad el club. ¿O vamos a decir que nuestro actual presidente Piñera fue accionista mayoritario de Colo-Colo porque le interesaba el futuro de ese equipo? Para él, como para muchos, meterse en ese directorio fue meterse en un negocio más, solo que éste le ayudó para lograr llegar a la presidencia de Chile.

Fuera de eso, la criminalización de los hinchas gracias al nefasto plan Estadio Seguro ha hecho que la experiencia de ir al estadio sea no solamente poco grata, con revisiones abusivas de la policía y trato, por decir lo menos, indigno; sino que muchas veces, hasta peligrosa.

¿O vamos a olvidar a Carabineros amenazándonos por usar una bufanda en San Felipe, a niños que les quitan los juguetes en la entrada por ser estos “peligrosos”, o a barras enteras apaleadas, mientras los que incendian, tiran piedras y asaltan gente siguen haciéndolo partido a partido ante lo que parece la complacencia de nuestras autoridades?

Muy de moda se ha puesto eso de meter escudos de varios clubes (mejor para el impacto mediático si ambos son archirrivales deportivos) en una carta para pedir unidad y paz en tiempos en los que el pueblo se levanta contra más de 30 años de abuso. Nosotros desde acá, desde esta humilde tribuna, les queremos pedir una sola cosa: no hablen por nosotros.

Ustedes no nos representan, ustedes no saben en verdad lo que queremos. No nos conmueve ver el escudo de nuestro club – su negocio – al lado del de Unión La Calera en un papel. Lo que sí nos conmueve es ver a un hincha de ese equipo, con su camiseta, como nosotros con la nuestra, en la calle, pidiendo que la corten, que dejen de transformarnos la vida entera en un negocio. Porque él es nuestro vecino, porque esa persona, cuando jubile como algún día lo haremos nosotros, estará frente a la misma interrogante de cómo lograr vivir con 120 lucas mensuales.

Sabemos que ustedes no comulgan con nuestros pedidos, sabemos que el diálogo pacífico está agotado y que sus cartitas son la única acción de marketing que pueden tomar en una situación como ésta. Chile entero está agotado de su indolencia e indiferencia. Chile entero ahora está gritando y ustedes deben hacernos caso, porque no hay mal que dure 100 años.

Cállense y escúchennos.

No sean patudos.

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