Tres temporadas seguidas son las que el Canario lleva complicado de salud, tres temporadas entrando y saliendo de Cuidados Intensivos, coqueteando con la muerte, que en este caso sería el descenso a una tercera categoría, que si bien se llama “Segunda División Profesional”, de profesional tiene el nombre y poco más.

Tres temporadas desde que nuestro Santo querido contrajo una infección letal, una que se expande por Sudamérica, México y España y que contraen las instituciones controladas por empresas conformadas por representantes, infección que destruye las entrañas de los clubes dañando fuertemente a los órganos más jóvenes, sus divisiones inferiores.

Quienes infectan los clubes son los mismos que podrían entregar la cura. Sin embargo pareciera no importarles, al contrario, prefieren usar a este paciente como ratón de laboratorio para sus experimentos, que son básicamente técnicos con credenciales incomprobables y jugadores que son presentados como la panacea, pero que en su mayoría terminan convirtiéndose en un nuevo tumor para este enfermo que se deteriora cada vez más.

Del otro lado estamos nosotros, los hinchas, la familia del enfermo que impotentes no podemos hacer más que ver por la ventana, con pena como quienes deberían sanar a este paciente no hacen mucho más que el mínimo, porque sus esfuerzos y su mejor gente están enfocados en otros lados, clubes mas grandes o metafóricamente, pacientes que tienen más plata.

Lo que hemos visto estos tres últimos años y principalmente este 2021 es triste y desalentador, un San Luis desorientado, acéfalo en la cancha, con pocos recursos técnicos y, peor aún, con poco corazón, que ataca instintivamente, pero sin fuerza, que juega mal y pierde. Y que cuando juega bien también pierde, incluso con rivales de mucha menor categoría.

Muy atrás nos quedan los recuerdos de ese San Luis sano, que pese a no obtener siempre resultados favorables se paraba de igual a igual contra cualquiera y que de local era un verdadero dolor de cabeza incluso para los grandes de nuestro futbol.

Hace un par de semanas llegó un técnico nuevo, alguien con más currículo que el desfile de practicantes que vimos pasar desde 2019 a la fecha, a excepción de José María Martínez, que resultó ser un acierto.

Bozán llegó con la misión de recuperar a este enfermo, pero sin entregársele los insumos necesarios. Vino con la idea de sanar una enfermedad casi terminal con un par de aspirinas.
Por ahora el Santo sigue aferrado a la vida por las opciones matemáticas, que a estas alturas operan como el respirador artificial que cada semana pareciera tener menos potencia y de seguir así, en 20 fechas más -o quizás antes- se desconectará.

Mientras tanto en la familia seguimos confiando en lo que a estas alturas seria un milagro, así como cuando nos aferramos a que un milagro, un santo o un poder supraterrenal le devolverá la salud a un ser querido ya desahuciado mientras al mismo tiempo vemos cómo se va apagando.

 

PHP Code Snippets Powered By : XYZScripts.com